Reconciliación, pureza, castidad, noviazgo
Oración al Sagrado Corazón de Jesús por la pureza, la castidad y la liberación interior
Sagrado Corazón de Jesús,
Trono de misericordia y horno ardiente de amor, me acerco a Ti con humildad, con mis fragilidades, mis batallas, mis heridas y mis caídas. Tú conoces mi mente, mi memoria, mi psique y mi imaginación; sabes cuánto deseo vivir en Tu gracia y en Tu amistad, aunque tantas veces tropiece.
Por la intercesión de la Santísima Virgen María, purísima entre todas las criaturas; de San José, castísimo custodio de tu Corazón; de San Miguel Arcángel, defensor de las almas; y de toda la corte celestial, te suplico que ilumines mi inteligencia y mi voluntad para mostrarme concretamente qué debo hacer yo, qué pasos me corresponden, qué decisiones debo tomar para liberar mi interior de todo pensamiento impuro, perverso o torcido, y para sanar aquellas áreas donde el enemigo ha querido sembrar oscuridad, confusión o culpa.
Señor Jesús, líbrame del vicio de la pornografía y de la masturbación; rompe toda atadura, hábito o esclavitud que haya crecido por mis debilidades, por mis heridas o por mis decisiones. Dame la fuerza que me falta, la disciplina que no tengo, y la valentía que tantas veces me ha abandonado.
“Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8). Señor, dame un corazón limpio; concédeme la gracia de buscar la pureza, no por orgullo, sino por amor.
Sé que a Santa Faustina Kowalska, a Santo Tomás de Aquino, a San José y a tantos santos les concediste la gracia de la pureza perfecta. Tal vez a mí no me la concedas de esa manera para que mi alma no caiga en soberbia espiritual, sino para permanecer humilde y consciente de que sin Ti no puedo nada. Si es Tu voluntad permitir mis tropiezos para mantenerme pequeño, te lo entrego… pero imploro la gracia de no caer con tanta frecuencia, de resistir con más firmeza, de levantarme más rápido y de avanzar con mayor fidelidad.
Sagrado Corazón de Jesús, hagamos Tú y yo un acuerdo santo:
Que yo me comprometa a luchar, a evitar ocasiones de pecado, a vigilar mis sentidos y a tomar decisiones concretas; y que Tú, con tu misericordia infinita, me concedas las gracias necesarias para vivir la santa pureza y la castidad, no como un peso insoportable, sino como una libertad profunda que sólo Tu amor puede dar.
Yo no tengo esta virtud de manera natural; Tú lo sabes. Pero la quiero, Señor. La deseo porque quiero vivir en Tu gracia, caminar en Tu luz y permanecer en Tu amistad.
Jesús mío: mi Dios, mi Rey, mi Salvador, mi Redentor, mi Jefe, mi Maestro y mi mejor Amigo:
Toma mi mente, purifícala.
Toma mi memoria, ordénala.
Toma mi imaginación, conságrala.
Toma mi corazón, santifícalo.
Toma mi cuerpo, fortalécelo.
Toma mi voluntad, transfórmala.
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.
Sagrado Corazón de Jesús, sé mi victoria.
Sagrado Corazón de Jesús, crea en mí un corazón nuevo.
Amén.
Oración para pedir una mujer según la voluntad de Dios
Sagrado Corazón de Jesús,
mi Señor, mi Rey y mi mejor Amigo,
hoy vengo ante Ti con humildad y verdad.
Tú conoces mi corazón mejor que yo mismo;
conoces mis luchas, mis anhelos y mis heridas;
conoces mis deseos profundos de amor,
de afecto, de ternura y de complementariedad.
Señor Jesús,
Tú sabes que mis estudios y mi vocación intelectual
son parte esencial de mi vida,
y Te agradezco que me hayas dado la gracia
de caminar en el camino del conocimiento y la verdad.
Pero también sabes —mejor que nadie—
que no me has llamado al celibato,
que en mi interior vive un deseo legítimo, humano y santo
de amar y ser amado,
de unirme a una mujer con la que pueda caminar
con lealtad, respeto, entrega y alegría.
Tú creaste el corazón humano para la comunión,
no para la soledad;
Tú hiciste del amor esponsal un sacramento;
y por medio de tus santos,
especialmente San Juan Pablo II
y el Papa Benedicto XVI,
me has mostrado que el amor erótico (eros)
no es pecado cuando está ordenado
por la pureza, la dignidad y el don sincero de sí.
Señor, reconozco mis límites y mis caídas,
y por eso te sigo pidiendo
la gracia de vivir la pureza y la castidad
hasta que llegue la mujer que Tú has pensado para mí.
Pero también reconozco sin vergüenza
que no estoy hecho para el celibato,
y que necesito —como hombre—
el afecto, el cariño, el romanticismo
y la intimidad que nacen del amor auténtico.
Por eso, Señor Jesús,
te pido con fe y con confianza filial:
Mándame una mujer buena, bella, firme y honesta;
una mujer católica practicante,
no puritana ni enfermiza,
no llena de escrúpulos,
sino equilibrada, alegre, tierna, apasionada
y capaz de amar sin miedo ni confusión.
Una mujer que viva la castidad,
pero no desde el miedo sino desde la libertad.
Una mujer que pueda unirse a mí
en cuerpo, alma, mente y corazón.
Una mujer por la que yo quiera ser mejor hombre,
y que ella también crezca a mi lado.
Concédeme una mujer con quien pueda tener
un vínculo fuerte y profundo:
físico, emocional, psicológico y espiritual.
Una mujer que me complemente,
que me comprenda,
que me inspire,
y a quien yo también pueda amar, respetar, proteger
y hacer feliz según Tu voluntad.
Señor Jesús,
si he puesto estándares altos de belleza,
purifica mis ojos sin extinguir mi corazón.
Ordénalos, no los destruyas;
santifícalos, no los repriman;
que vea con claridad
lo que es virtud, lo que es entrega,
y también lo que es belleza que viene de Ti.
Que la mujer que Tú me envíes
sea para mi salvación, no para mi caída;
y que yo sea para ella bendición,
y no tropiezo.
Virgen Santísima,
San José castísimo,
San Miguel Arcángel,
intercedan por mí.
Que esta petición llegue al Corazón de Jesús
con humildad y perseverancia,
y que Su voluntad —perfecta y amorosa—
se cumpla en mi vida.
Amén.
«Listen, my child, to what I tell you now: do not be troubled or disturbed by anything; do not fear illness or any other distressing occurrence, or pain. Am I not your Mother? Am I not life and health? Have I not placed you on my lap and made you my responsibility? Do you need anything else?»
Memorare
Remember, O most gracious Virgin Mary of Guadalupe, that in thy celestial apparitions on the mount of Tepeyac, thou didst promise to show thy compassion and pity towards all who, loving and trusting thee, seek thy help and call upon thee in their necessities and afflictions. Thou didst promise to hearken to our supplications, to dry our tears, and to give us consolation and relief. Never was it known that anyone who fled to thy protection, implored thy help, or sought thy intercession, either for the common welfare, or in personal anxieties, was left unaided.
Act of Consecration
Inspired with this confidence, we fly unto thee, O Mary, ever Virgin Mother of the True God! Though grieving under the weight of our sins, we come to prostrate ourselves in thy august presence, certain that thou wilt deign to fulfill thy merciful promises. We are full of hope that, standing beneath thy shadow and protection, nothing will trouble or afflict us, nor need we fear illness, or misfortune, or any other sorrow. Placing ourselves beneath thy maternal gaze and having recourse to thee in all our necessities we need do nothing more. O Holy Mother of God, despise not our petitions, but in thy mercy hear and answer us.
Our Lady of Guadalupe, Mystical Rose, help all those who invoke thee in their necessities, and since thou art the ever Virgin Mary, and Mother of the True God, obtain for us from thy most holy Son the grace of keeping our faith, of sweet hope in the midst of the bitterness of life, of burning charity, and the precious gift of final perseverance.
O most Holy Virgin Mary, Mother of God, I, although most unworthy of being thy servant, yet moved by thy wonderful mercy and by the desire to serve thee, consecrate myself to thy Immaculate Heart, and choose thee today, in the presence of my Guardian Angel and the whole heavenly court, for my especial Lady, Advocate, and Mother.
I firmly resolve that I will love and serve thee always. Assist me in all my thoughts, words and actions at every moment of my life, that every step and breath may be directed to the greater glory of God; and through thy most powerful intercession, obtain for me that I may never more offend my beloved Jesus, that I may glorify Him in this life, and that I may also love thee, and enjoy thee, in the company of the Blessed Trinity- Divine Providence – through eternity in holy Paradise.
Offering
Immaculate Heart of Mary, Heart of my Mother, Our Lady of Guadalupe, I unite to thy purity, thy sanctity, thy zeal and thy love, all my thoughts, feelings, emotions, words, acts, and sufferings this day, that there may be nothing in me that does not become, though thee, a pleasure to Jesus, a gain to souls, and an act of reparation for the offenses against thy Heart.
Amen.
ORACIÓN PARA LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Dios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiadaos de las benditas almas del Purgatorio y ayudad a mis queridos padres y antepasados.
A cada invocación se contesta: ¡Jesús mío, misericordia!
Ayudad a mis hermanos y parientes.
Ayudad a todos mis bienhechores espirituales y temporales.
Ayudad a los que han sido mis amigos y súbditos.
Ayudad a cuantos debo amor y oración.
Ayudad a cuantos he perjudicado y dañado.
Ayudad a los que han faltado contra mí.
Ayudad a aquellos a quienes profesáis predilección.
Ayudad a los que están más próximos a la unión con Vos.
Ayudad a los que os desean más ardientemente.
Ayudad a los que sufren más.
Ayudad a los que están más lejos de su liberación.
Ayudad a los que menos auxilio reciben.
Ayudad a los que más méritos tienen por la Iglesia.
Ayudad a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
Ayudad a los poderosos, que ahora son como viles siervos.
Ayudad a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
Ayudad a los vanidosos que malgastaron su tiempo.
Ayudad a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
Ayudad a los tibios que muy poca oración han hecho.
Ayudad a los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.
Ayudad a los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.
Ayudad a los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.
Ayudad a los padres que no vigilaron bien a sus hijos.
Ayudad a los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.
Ayudad a los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.
Ayudad a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el cielo.
Ayudad a los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.
Ayudad a los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.
Ayudad a los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
Ayudad a los pontífices, reyes y príncipes.
Ayudad a los obispos y sus consejeros.
Ayudad a mis maestros y pastores de almas.
Ayudad a los finados sacerdotes de esta diócesis.
Ayudad a los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.
Ayudad a los defensores de la santa fe.
Ayudad a los caídos en los campos de batalla.
Ayudad a los sepultados en los mares.
Ayudad a los muertos repentinamente.
Ayudad a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.
V. Dadles, Señor, a todas las almas el descanso eterno.
R. Y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz.
V. Que en paz descansen.
R. Amén.
Oración de protección a la Preciosa Sangre de Cristo
Señor Jesús, en tu nombre y con el poder de tu Sangre preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño.
Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en los abismos del infierno y en el mundo donde nos movemos hoy.
Con el poder de la Sangre de Jesús rompemos toda interferencia y acción del maligno.
Te pedimos, Jesús, que envíes a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen María acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de santos ángeles.
Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar si se desea), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos y los bienes que generosamente Él nos envía para nuestro sustento.
Con tu Sangre preciosa sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes y pisos; el aire que respiramos, y en fe colocamos un círculo de tu Sangre alrededor de toda nuestra familia.
Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en que vamos a estar en este día, las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar.
Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, el aire, las vías y cualquier medio de transporte que vayamos a utilizar.
Te pedimos que con tu Sangre preciosa selles los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria, a fin de que tu paz y tu Corazón reinen en ella.
Te agradecemos, Señor, por tu Sangre y por tu vida, ya que gracias a ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo.
Amén.